lunes, 26 de diciembre de 2016

Nadie muere a su lado

Hace frío en una lápida sin flores
muerta a manos de la luz de febrero

el sol ya se aleja por costumbre


A veces se sienta en el metro y espera,
para ver si alguien llora solo

pero nadie muere a su lado




viernes, 14 de octubre de 2016

Dos caras de una misma luz


Cada gota que se derrama en la frontera
debería mojar mi cama y teñir mi piel

levantarme en un campo extraño
un ayer por la mañana
con arañazos que no son míos,
recuerdos de personas a quienes no puedo perder

no me engañes,
que no existe tal cosa como el dolor ajeno
cuando tú y yo siempre hemos compartido mantel
y solo somos las dos caras de una misma luz,

bailando al son del atardecer

jueves, 25 de agosto de 2016

Nadie ofrece abrigo


Esperarás en la mesa de un café
imaginando abriles que nunca llegarán
y regresarás poco a poco
al tiempo de esa cena en plato para dos,
a dormitar frente al canal donde cada noche
morías tú y él contigo

Y sentirás frío en verano

la única época del año

en que nadie ofrece abrigo

sábado, 30 de julio de 2016

Coca-cola

Te bebes la última Coca-Cola
estamos solos en un barco
porque ha llegado el fin del mundo

han pasado tantos días de cortes en la cara
de toallas en la cintura y de camas recién hechas
que nos han aplastado los caballos dirección al arca
que ya partió con los demás viajeros

y has quedado tú y he quedado yo

aislados del relato bíblico
buscando la menor excusa para ser expulsados

la única pareja de animales
que anda suelta a estas alturas
encontrará alguna manera de extinguirse a voluntad

mientras el agua con sal nos arde en la garganta y me niego a abrir
los ojos bajo el mar
recoges las almejas de las rocas
y yo las abro con tu navaja de afeitar

y ambos vamos superviviendo
al margen de la eternidad
y con un viaje nos sobra el tiempo

para no volverlo a recordar

lunes, 25 de julio de 2016

Labios

Unos labios que marcharon a la guerra
llamaron a la puerta y te llevaron
dejándome sola con las sombras
que tus llaves dibujaron en mis ojos

¿quién dejó sin doblar ese pijama en el armario
la pasta en el lavabo
y dos barras de carmín apoyadas en la cama?

para que terminara yo
por olvidarme de mí

herida en un combate en el que no he participado
tendré que ver todos los días
cómo se desdibujan los rizos de tu pelo
en el espejo

recién salidos de la ducha en que cada domingo
me son infieles mientras presa de tu imagen

acudo puntual a misa

sábado, 25 de junio de 2016

Vida secreta de Renoir

“Cuando llegué al lugar, todos se encontraban bailando y, nada más cruzarse mi mirada con la de uno de los jóvenes que reía con la cara roja a causa del movimiento y del calor, supe que no debería haber salido del hostal aquel día. No obstante, el hombre a quien había conocido la noche anterior en el salón (y que parecía un alma tan solitaria como la mía) insistió tanto que no me atreví a negarme más veces.

De repente, me encontré en medio del gentío y lo primero que me sorprendió fue su concentración en la banalidad del baile, como si fueran ajenos a la cantidad de desgracias que nos acechan en todo momento. Inmediatamente después, la música y los gritos de la gente encontraron un lugar en mi cabeza donde instalarse y hacer eco, impidiéndome tanto distinguir una sola palabra de lo que decían como concentrarme en nada más. Todo se convirtió en una auténtica pesadilla en la que no pude evitar sentirme juzgado por todos aquellos extraños cuyos ojos, que me observaban de manera furtiva, parecían preguntar –sin atreverse a hacerlo en voz alta- qué hacía alguien de mi aspecto y condición en un lugar como ese. En definitiva, como si me culparan por no compartir su diversión. En unos minutos la situación se tornó demasiado incómoda y me marché de allí (desde luego más rápido de lo que había llegado).

No obstante, de vuelta en la habitación tampoco conseguí sentirme mejor y me dediqué a arrastrarme por la pequeña estancia agradeciendo la sensación de seguridad que  esta me brindaba, pero sin conseguir apartar la imagen del desconocido que me había invitado al acto de mi cabeza. Su rostro me había parecido peculiar la noche que nos conocimos y, aunque no inicié yo la conversación, sí me aseguré de sentarme donde él también pudiera verme y quizá acercarse para compartir juntos la soledad. Su barba, pelirroja y descuidada, me llamó la atención al dejar ver trozos mal afeitados cuando este me hablaba, de todo y de nada, tratando de llenar un silencio que ambos preferíamos vacío. No sabría decir por qué, pero sentí cómo me reconfortaba su falta de cuidado personal.

Tampoco sé exactamente qué esperaba cuando acepté su propuesta. Pensé que, a pesar de haber salido la palabra “baile” en la conversación, asistiríamos a una reunión comedida y de aforo reducido, mucho más propia de dos solitarios que se habían encontrado una noche de sábado entre alcohol. Quizá fue ese choque entre lo que esperaba y lo que encontré lo que me hizo quedar aterrorizado; no lo sé. Como remedio contra el insomnio, a altas horas de la madrugada comencé a pintar la escena con el objetivo de plasmarla en el lienzo y poder así sacarla de mi memoria. Y no solo eso, traté además de recrearla desde los ojos de alguno de los participantes que parecía disfrutarla; cualquiera que no fuera yo. Aún es pronto para decirlo, pero creo que lo conseguiré.

Lo que está claro es que, me quede o no por más tiempo en la ciudad, tendré que comenzar con el retrato del hombre (a quien me refiero siempre de manera vaga porque nunca llegamos a intercambiar datos personales) exactamente con el mismo fin. Quizá eso calme mi ansiedad y me permita huir de su mirada, encontrando así descanso al menos un par de horas seguidas. Por Dios así lo espero porque, de lo contrario, me temo…Bueno, me temo que entonces tendría que matarle.


Y nadie sabe lo que me costó la última vez.”